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Un bebé conoce muy bien las
leyes naturales que rigen en el universo; sabe como funcionan, hasta que
la sociedad –por medio de sus padres– se encarga de enseñarle otras
leyes, las que dirigirán para siempre su vida. El bebé no puede
culparlos por enseñarle esas leyes de dolor, miedo, sufrimiento e
incertidumbre, en vez de mostrarle aquellas que hablan sobre el amor, la
salud, el éxito y la esperanza, ya que ellos también son víctimas de
víctimas.
La salud, el éxito en la vida, en los negocios, en el
amor... todo eso depende exclusivamente de uno mismo; sólo hay que saber
cómo funcionan las leyes naturales y cómo hacer que funcionen para
nuestro beneficio. Tengo que preguntarte: ¿quieres tener una salud
perfecta? ¿Necesitas recuperar tu energía y las ganas de vivir?
¿Necesitas sentirte libre de miedos, inquietudes, enfermedades y demás
condicionamientos y barreras de tu vida? Respóndeme fuerte, que te oigan
tus vecinos, ¡qué más da lo que piensen! ellos también lo necesitan;
aunque tengan diferentes barreras, tienen los mismos condicionantes.
Pero tú conseguirás conocerlos y te liberarás de ellos; serás
completamente libre, sano y feliz. Así que sal a la calle y grita la
respuesta a mis preguntas, atrévete. ¡¡Sí, quiero liberarme!! Sólo
conozco una manera de enseñarte como hacerlo y es expresándolo desde el
corazón, ya que la mente racional no entiende de estas cosas. Ábreme tu
corazón y te guiaré.
Cuando a través de las palabras, los gestos, las
imágenes, las observaciones y demás formas, implantamos firmemente una
idea en nuestra mente; cuando es interpretada por nosotros con
autoafirmación por la experiencia, la transformamos en una ley. Una ley
inamovible, que solamente es una interpretación individual de nuestras
ideas y pensamientos y no tiene por qué ser fiel a la realidad. Esas
leyes son las que no nos dejan ver la otra realidad; las que limitan
nuestra visión de lo que es o no real. Mis maestros me enseñaron que,
para poder entender una nueva filosofía, es necesario apartar la que ya
se tiene. Si intentáramos interpretar esta nueva filosofía, con los
conceptos de la antigua, no sólo no la entenderíamos sino que no
llegaríamos mucho más lejos de lo que llegamos con la que teníamos. De
mis maestros aprendí como funciona la energía, el átomo, la alquimia o
las leyes naturales que rigen el universo. Algunos de ellos, en su
infancia, fueron mendigos o indigentes en países donde la miseria era su
cultura. No cambiaron su mundo por que fueran especiales o superdotados;
supieron apartarse de su mente racional y cambiar su visión. Vieron la
otra realidad, la que los hizo libres para siempre; por eso se
convirtieron en maestros, maestros de sí mismos. Ahora sí son especiales
y superdotados. Así, mientras la gente de su alrededor se hundía en el
mar de la desesperación, del dolor, del sufrimiento por su arrogante
ignorancia, ellos flotaban gracias a la barca del entendimiento y de la
salvación. Por eso, necesito que leas este libro desde el corazón.
Aparta tus conceptos establecidos por un instante y dame la oportunidad
de enseñarte otra realidad, la única realidad capaz de darte lo que
deseas, lo que quieres, lo que necesitas para tu vida. Recuerda que el
ego opondrá resistencia; pone barreras para que no avancemos. A él no le
interesa que consigamos el control y la libertad. Sólo nuestra esencia,
ese ser de luz que tenemos dentro, es quien entiende de paz, de
libertad, de alegría.
Cada tema del libro tiene su por qué. Mi consejo es
que los leas en momentos de tranquilidad, cuando la mente no esté
agitada y condicionada por el ego. Es un trabajo interior y personal; es
un trabajo entre tú y yo. Por eso necesito estar contigo a solas y en
tranquilidad; que me dediques toda tu atención. Son los secretos que
aprendí con mis maestros y quiero compartirlos contigo para siempre. Sé
que con estos secretos TÚ PUEDES. |